Jardines del Laribal

Me encuentro sobre el Montjuic, precisamente en los Jardines del Laribal. Desde un banco de piedra y a la sombra, distingo las cúpulas del museo de Arte de Catalunia. Más a mi derecha veo la ciudad siempre llena de edificios y de colores apagados.

Yo, en cambio, prefiero escuchar el sonido del agua al caer en la cascada del gato. Sobre el calor de Junio, me cubre la sombra fresca y veo en la caída del agua plantas palustres, helechos y otras que disfrutan de la humedad.


Estoy sin prisas, disfrutando este diseño andaluz en plena Barcelona. Por supuesto que el color verde es mayoría en este paisaje pero el cielo y los caminos completan el cuadro. Me sorprende el paso de las personas que disfrutan un lento caminar sobre la tierra consolidada porque no alteran la paz del lugar. Ellos vienen de muchos sitios, lo noto en el hablar, en sus ropas.


Imagino los momentos en que este jardín se hizo. Los vehículos llenos de plantas esperando sus destinos definitivos y las piedras que conformarán este banco donde ahora me siento.


Camino por los senderos, conozco nuevas pérgolas, toco texturas de plantas que desconozco, saludo a operarios que trabajan en el jardín. El sector de rosales enmarca un estanque con nenúfares, es muy bonito.


El tiempo continua, la vida avanza, me voy.

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